Leí un dato que no se me fue de la cabeza en todo el día:
En Costa Rica hay casi 905.000 personas mayores de 60 años —casi el 20% del país— y casi ninguna empresa les vende nada.
Y no necesariamente es porque no tengan recursos para pagar; sino, porque nadie se toma el trabajo de hablarles a ellos.
Yo hacía lo mismo
Yo hice lo mismo con mi propia audiencia. Solo que en chiquito.
Durante meses escribí pensando en "emprendedores". Así, en general. Cualquiera que quisiera empezar algo.
El contenido salía bien. Se leía bien.
Pero no conectaba con nadie en particular.
Porque cuando le hablás a todos, en realidad no le estás hablando a nadie.
Lo que cambió
El día que dejé de escribir para "emprendedores" y empecé a escribir para una persona específica —alguien con trabajo 8-5, construyendo algo en las noches y los fines de semana, cansado pero con ganas— todo cambió.
No cambié el mensaje.
Cambié a quién se lo estaba diciendo.
No ganás por hablarle a más gente. Ganás por hablarle exactamente a la persona correcta, aunque eso signifique que todos los demás se sientan afuera.
Cómo encontrar tu audiencia correcta
Si sentís que tu contenido o tu oferta no termina de conectar, probá esto:
Nombrá a tu audiencia con precisión. No "emprendedores". Sí: "solopreneurs con trabajo fijo que construyen su negocio en las noches".
Preguntate a quién estás dejando afuera sin darte cuenta. A veces el segmento correcto está ahí, invisible, porque nunca le hablaste directamente.
Buscá el segmento que todos ignoran, no el que todos persiguen. Ahí hay menos ruido y más espacio.
Hablale a una persona, no a un mercado. Escribí pensando en alguien con nombre y cara, no en una categoría.
Revisá tu último contenido: ¿le habla a "todos" o le habla a alguien?
La verdad incómoda
No trates de tener el mensaje perfecto.
Trata de saber, con claridad, a quién se lo estás diciendo.
Yo tardé meses en entenderlo. Vos no tenés que tardar lo mismo
